A poniente - Alerta Foodie
Una aventura gastronómica

A poniente

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Lamento decir que no me entusiasmó. Había comido en lo que hoy es La Taberna del Mar y creí que el cambio, la segunda estrella, la cada vez mayor repercusión de las cosas que hace Angel León me iban a emocionar. Lo busqué toda la comida. Y no conseguí encontrarlo.
Pero el nuevo emplazamiento es sencillamente maravilloso. Ese Molino de las mareas y la forma en que te plantean la comida disfrutando a su vez del entorno de ese magnífico edificio saboreando la vista de la sal, el agua, la marea y la cocina y el enorme trabajo que se desarrolla es para descubrirse. El inicio con los aperitivos en los locales antesala, es precioso. La tortilla de camarones es una joya para la vista. Pero salvo el Jerez y las sardinas asadas, saber a mar auténtico muy poco.
A partir de ahí, muchas cosas muy buenas y alguna sosita. La parada viendo las mareas y la cocina es buenísima, la atención del chef en plan estrella es de agradecer. El salón lamentablemente medio vacío.
Desde luego las sillas imitando la cola de algún pez sólo pueden hacerte pensar que el vendedor que las colocó es un genio. Y los platos son muy muy buenos pero uno echa de menos algo un poquitito más contundente y con más sabor de verdad. A resaltar el homenaje a Huelva en forma de gamba por la capitalidad gastronómica, que es un guiño que sabe  a gloria.
Y cosas que hacen que en todo caso, no solo por el lugar y la atención, merezca la pena la visita siempre. Han moderado los vinos para no mirar casi solo a Jerez, lo cual creo es un acierto. Quizás Jerez tenga los mejores vinos del mundo por personalidad y sabor, pero centrarse solo en ellos es excesivo. Han convertido el pan en un espectáculo fantástico. Pocos panes he comido  comparables a los de A Poniente, a los de ese panadero que reparte piezas constantemente y especialmente a ese pan de algas sencillamente genial.
Es una experiencia que merece la pena vivirla. Espero le den la tercera estrella porque la inversión y la imaginación empleada es elogiable. Pero a uno le quedan ganas de irse a comer langostinos y acedias a Bajo Guía.